En los albores del siglo XXI resulta muy difícil encontrar una acepción que defina el concepto Educación de manera que sea aceptable por todos. Ello porque para algunos la educación ha pervertido su sentido y, hoy por hoy, es, en términos de sus resultados, todo lo contrario: apatía y desinterés por el estudio, escasa comprensión y bajo índice de lectura; como lo evidencian los datos de la más reciente Encuesta Nacional sobre Prácticas de Lectura. Otros ven a la Educación como el resultado de un proceso organizado: la enseñanza, en la que el educar es, desde la perspectiva del Estado, primordial para el desarrollo del ser humano, empezando desde la niñez.
Nos debe quedar claro que la educación no se constriñe a los espacios áulicos y a la sistematización programática de la enseñanza escolarizada; familia, sociedad, medios, religión, entre otros factores, invaden constantemente el campo educativo, situación con la que el docente no siempre está de acuerdo. Y, ya adentrados en el espacio de los docentes, hay que decir que para algunos la educación ni siquiera es una situación problemática, aunque cobren un cheque y se mantengan de esta actividad.
Definir educación es muy complicado, ya que, por su carácter mismo, sus fronteras se desdibujan y se entremezclan con otros campos. Se puede decir mucho de la educación y de sus actores: el maestro que enseña (esté o no convencido de lo que hace), y el que "debe" aprender (educando); pero, qué nos ha enseñado ‘la educación’ sobre sí misma: "acción y efecto de educar; crianza, enseñanza y doctrina que se da a los niños y a los jóvenes; instrucción por medio de la acción docente; cortesía, urbanidad".
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